El arándano consolida un puente estratégico entre América y Asia vía Canadá y Taiwán

Canadá y Taiwán se han transformado en dos mercados clave dentro del bloque de “otros destinos” del arándano. El primero opera como extensión natural de Estados Unidos en Norteamérica; el segundo emerge como laboratorio premium en Asia, ideal para afinar programas de fruta de alto valor antes de escalar hacia plazas más grandes.

En Norteamérica, Canadá se ha consolidado como un complemento estratégico del mercado estadounidense. Su demanda de arándanos importados se concentra en la contraestación, cuando la producción local disminuye, y privilegia fruta con buena firmeza y vida postcosecha, capaz de soportar cadenas logísticas largas y manejo intensivo en retail. El crecimiento de los envíos desde Perú y otros orígenes del hemisferio sur ha sido tal que muchas empresas ya hablan de programas “Norteamérica”, gestionando Estados Unidos y Canadá de manera integrada, aunque con estrategias de surtido y precios diferenciadas.

Para los exportadores, la presencia creciente en Canadá permite diversificar riesgos dentro del mismo bloque geográfico. Una parte del volumen puede orientarse a cadenas estadounidenses con especificaciones muy estrictas, mientras otro porcentaje se dirige a retailers canadienses que valoran una combinación de precio competitivo y calidad consistente. En ambos casos, la clave es la coherencia en la condición de la fruta y en la planificación de llegadas, de modo que la oferta no se concentre en pocas semanas ni en un solo mercado.

Taiwán: laboratorio premium para el arándano asiático

En el otro extremo del mapa, Taiwán se está posicionando como un mercado de prueba para el arándano premium en Asia. Se trata de una economía con ingresos medios-altos, fuerte presencia de retail moderno y consumidores dispuestos a pagar más por fruta de alto calibre, sabor consistente y marcas reconocibles. La demanda no tiene todavía la escala de China, pero sí un nivel de exigencia que obliga a enviar fruta seleccionada, con muy buena presentación y trazabilidad clara.

Para las empresas exportadoras, Taiwán ofrece una combinación atractiva: precios interesantes, volúmenes aún manejables y la posibilidad de testear campañas, calibres, variedades y formatos de empaque antes de replicar ese modelo en mercados asiáticos más grandes y competitivos. En términos prácticos, muchas estrategias de posicionamiento de marca, storytelling de origen y construcción de confianza con importadores se ensayan primero en Taiwán, para luego ser ajustadas y escaladas.

 

Consistencia y planificación: el denominador común

Aunque Canadá y Taiwán son muy distintos en cultura, idioma y estructura de canales, comparten un rasgo clave: ambos valoran la consistencia por sobre el “golpe de suerte”. Esto implica que la relación comercial debe estar sostenida por programas planificados, cumplimiento de calendarios, especificaciones claras de calibre, firmeza y sabor, y una logística que minimice los sobresaltos en tiempos de tránsito y temperatura.

En este contexto, la elección varietal se vuelve un elemento central. No todas las variedades se comportan igual frente a las exigencias de viaje y manipulación de estos mercados. Las que combinan buena productividad en campo con firmeza, “crunch” y estabilidad en frío serán las que consoliden la presencia del arándano del hemisferio sur en Canadá y Taiwán. Por el contrario, variedades más sensibles tenderán a relegarse a mercados más cercanos o a ventanas específicas con menor presión logística.

 

Un puente para escalar en el mapa del arándano

El rol de Canadá y Taiwán va más allá de ser simplemente “nuevos compradores”. Juntos están configurando un puente estratégico entre América y Asia en la ruta del arándano. Canadá permite profundizar la presencia en Norteamérica y optimizar la ocupación de la oferta exportable durante la contraestación; Taiwán, en tanto, abre la puerta a una expansión más sofisticada en Asia, basada en calidad, marca y experiencia de consumo.

Para los exportadores que buscan construir programas de largo plazo, estos dos destinos funcionan como plataformas de aprendizaje. La información que se genera sobre comportamiento del consumidor, respuesta a distintas variedades y sensibilidad a los precios permite ajustar tanto la planificación de campo como la estrategia de portafolio y marketing. En un mercado global cada vez más fragmentado, entender y aprovechar bien estos puentes puede marcar la diferencia entre una presencia marginal y una posición de referencia en el circuito internacional del arándano.

05-012-2026
Fuente: Blueberriesconsulting.com