Presidente de Proarándanos habla sobre impulso del recambio varietal y proyección de un nuevo mapa varietal para la industria
- . June 2026
En los últimos años, Perú ha experimentado un intenso proceso de recambio genético. Variedades tradicionales como Biloxi y Ventura han ido perdiendo protagonismo, mientras que nuevas alternativas, como las pertenecientes al programa Sekoya de Fall Creek, ganan cada vez más espacio en los campos productivos.
En entrevista con Frutas de Chile, Miguel Bentin, presidente de la Asociación de Productores y Exportadores de Arándanos del Perú (Proarándanos), explicó que el país atraviesa una profunda transformación varietal.
“En los últimos años hemos tenido un recambio varietal muy agresivo. Las variedades abiertas, como Biloxi y Ventura, son prácticamente los únicos programas que están reduciendo su superficie. El área total sigue creciendo. El año pasado tuvimos 26.000 hectáreas certificadas para exportación y este año estimamos alcanzar las 30.000 hectáreas”, señaló.
Bentin comentó que este crecimiento responde tanto a nuevas plantaciones como al reemplazo de variedades antiguas.“Entre 2022 y 2025, el 39% del crecimiento corresponde a nuevas áreas y el 61% a reemplazos. Es decir, prácticamente todos los programas genéticos están creciendo en distintas magnitudes, mientras que el único que disminuye es la combinación de Biloxi y Ventura. Lo más probable es que estas variedades desaparezcan gradualmente y den paso a un nuevo mapa varietal. Otras variedades también irán saliendo del mercado, porque la dinámica está completamente orientada a contar con la mejor genética posible”, indicó.
Más productividad, calidad y resiliencia
Según Bentin, el principal motor del recambio es la búsqueda de una mayor productividad, resiliencia y calidad de fruta.“Uno cambia una variedad porque busca más productividad, más resiliencia y un mejor producto. Hoy existe un mejor equilibrio entre esos factores que hace algunos años, lo que ha permitido mejorar la calidad promedio del arándano disponible en el mercado. Además, las tendencias de consumo también están impulsando esta evolución, porque el productor promedio es cada vez más eficiente”, sostuvo.
El presidente de Proarándanos destacó que las exigencias de los mercados han evolucionado significativamente. “Hace algunos años se comercializaban frutas de 9 milímetros. Después el estándar fue aumentando a 10, 11 y 12 milímetros. Actualmente existen mercados que exigen calibres mínimos de 12 milímetros. Antes una fruta de 15 milímetros era considerada premium y una de 18 milímetros era excepcional. Hoy esos estándares son aún mayores. Sin embargo, no se trata solamente del tamaño, sino también de otras características de calidad”, explicó.
Respecto a las variedades premium, destacó el programa Sekoya de Fall Creek.“El programa más desarrollado en variedades premium es Sekoya. Sin embargo, existen muchas variedades muy competitivas, lo que hace que cada temporada sea más desafiante. Luego entran en juego otros factores, como la adaptación de cada variedad a las distintas zonas productivas”, agregó.
Chile frente a la nueva realidad competitiva
Consultado sobre la evolución de Chile en la industria del arándano, Bentin recordó que históricamente ambos países mantenían una relación complementaria.“Recuerdo que inicialmente teníamos temporadas bastante complementarias. Incluso se pensaba en salir lo más temprano posible para no cruzarse con Chile. Sin embargo, la capacidad de abastecimiento de Perú se ha ido extendiendo y hoy Chile se transforma, en cierta medida, en un competidor. Aunque también competimos con nosotros mismos, porque el arándano ya está disponible durante todo el año y las ventanas comerciales prácticamente han desaparecido”, explicó.
A su juicio, el principal desafío actual es la calidad de la fruta.“Hoy la competencia se centra en la calidad del producto que se envía al mercado. Chile es una industria madura, pero el proceso de adopción de nuevas genéticas ha sido más lento debido a las condiciones climáticas y a los tiempos que requiere el recambio varietal. Eso ha generado un desafío importante y es evidente que Chile ha perdido competitividad frente a la fruta peruana. Sin embargo, veo de manera positiva que el país esté trabajando de forma organizada para enfocarse en factores clave, cómo exportar fruta de la mayor calidad posible para mantener una posición competitiva y rentable”, comentó.
Bentin también resaltó diversas ventajas competitivas que mantiene la industria chilena. “Chile posee fortalezas importantes, como experiencia, eficiencia, infraestructura y servicios. Nosotros estamos avanzando para nivelar esos factores. Además, entiendo que Chile está trabajando fuertemente en variedades de alto requerimiento de frío, un segmento que había quedado un poco relegado con el desarrollo de variedades de bajo requerimiento. Esto podría representar una gran oportunidad para la zona sur del país”, afirmó.
Asimismo, señaló que las variedades de alto requerimiento de frío suelen estar más cerca de las características originales del cultivo.
“Es fundamental que todos los países productores se adapten a los nuevos estándares del mercado, porque estos cambian constantemente. La industria es extremadamente dinámica. Mientras exista el mejor producto posible durante los 12 meses del año, se fortalece la demanda y se beneficia toda la categoría”, puntualizó.
Competitividad, eficiencia y crecimiento
Respecto a la competitividad peruana y la presión que generan los altos volúmenes exportados sobre los precios, Bentin enfatizó que el enfoque debe estar en los factores que sí pueden controlarse.“El precio es una variable de mercado y nosotros no lo definimos. Lo que sí podemos controlar es la genética que utilizamos, la productividad, la precocidad, la facilidad de cosecha, la resistencia a factores externos y la eficiencia productiva. Para ser competitivos debemos ofrecer la mejor calidad posible y producir de la manera más eficiente posible”, explicó.
Añadió que la mejora continua es esencial para sostener la rentabilidad.“Eso no solo reduce los costos por kilo producido, sino que también permite ofrecer un producto consistente y de alta calidad, lo que ayuda a capturar el mayor valor disponible en el mercado”.
Actualmente, Perú enfrenta importantes concentraciones de oferta durante ciertos períodos de la temporada.“Tenemos campañas muy largas, pero con una fuerte concentración durante octubre y noviembre. Hemos llegado a registrar entre 18 y 20 millones de kilos semanales durante ocho semanas consecutivas. Eso pone a prueba la capacidad de absorción del mercado”, señaló.
Por ello, indicó que uno de los objetivos de la industria es distribuir mejor los volúmenes a lo largo de la temporada.“Lo ideal sería reducir los peaks productivos e incrementar la actividad en otros momentos del año. Sin embargo, eso depende en gran medida de la genética, porque existen variedades más flexibles que otras”, comentó.
¿Dónde está el límite?
Finalmente, Bentin reconoció que aún es difícil determinar cuál es el techo de crecimiento de la industria peruana.“No sabemos exactamente dónde está el límite. Lo que sí sabemos es que la penetración del arándano en los mercados, incluso en Estados Unidos, todavía tiene mucho espacio para crecer. Es cierto que una sobreoferta puede provocar caídas de precios, pero también impulsa el consumo y atrae a nuevos consumidores”, explicó.
Sin embargo, advirtió que generar crecimiento únicamente mediante sobreoferta puede resultar costoso para los productores.“Lo mejor es anticiparse. En Perú hemos orientado gran parte de nuestros esfuerzos a la apertura de nuevos mercados. Necesitamos crear todas las válvulas de salida posibles para distribuir los volúmenes de manera saludable. Por eso promovemos permanentemente que los productores exploran nuevos destinos. De hecho, los envíos hacia mercados distintos a los tradicionales han crecido de forma importante en los últimos años”, concluyó.
Fuente: Frutas de Chile